Llevamos 48 horas en Cancún, en un resort de lujo. Tengo la sensación de estar en una pequeña isla, cuando no es el mar lo que nos separa del mundo real. Son grandes vallas no tanto en altura, sino en anchura, enormes distancias de complejos privados dificilmente franqueables a pie. Pero, ¿Porque salir si aquí hay de todo? Comida, bebida, en un paquete de todo incluido, una parcela privada del mar del Caribe, piscinas, restaurantes temáticos de cada continente del planeta, tiendas y dispuestos locales contentos de servir al señor cliente, ataviado con una pulsera de un color u otro dependiendo de sus derechos como ciudadano en esta ciudad paraíso.
He recorrido los límites del recinto a pie, he
transpasado el control de seguridad y he llegado a la entrada de servicio del
hotel, donde las camareras, o limpiadoras esperan su turno para cojer (mejor
tomar) el autobús perteneciente al propio resort de vuelta a sus casas. Donde
viven por ahora es un misterio. Una de ellas nos contó que tardaba 3 horas en
llegar a su casa cada día.
Ayer visitamos Playa del Carmen, era domingo, y sentí
alivio al ver disfrutar a personas sin pulserita de la playa. Pescando,
bebiendo cerveza en familia, vamos lo cotidiano. Unos mariachis cantando al
precio de 80 pesos por canción, unos nachos con guacamole, chile verde, tomate,
cebolla y frijoles, acompañados por cervezas Superior. Tan solo algún agente
armado con metralleta automática revelaba que estamos en un país con grandes
conflictos, no visibles desde luego inmersos en esta Ciudad Paraíso.
Resort Princess, Playa Del Carmen, Península de
Yucatán, México, América Central.
09/04/2012
Ruinas Mayas en Chichén Itza, edificio Caracol
Ruinas Mayas en Tulum, edificio del Palacio


